Obra de K. Haring

PLAY THE RADIO

Nos desplazamos hacia la zona de prensa, hicimos algunas notas radiales en vivo y nos sentamos algo cansados a esperar la siguiente banda, mientras el clima frio y húmedo vacilaba con el sol. Allí mis roles empezaron a mezclarse y yo ya no podía diferenciar cuál de ellos estaba asumiendo, pues ya me encontraba invadida de múltiples sensaciones producidas por el público, los sonidos, el misterio y la expectativa de lo que seguía, y fue entonces cuando escuché el sonido de los instrumentos de viento de los integrandas de esta gran banda de Medellin, la Mojiganga; que se preparaban afinando con mi canción favorita, Libertad, un canto a la mutabilidad. Andrés y yo fuimos presos de la euforia y la ansiedad, así que tomamos nuestras posesiones y nos fuimos para la zona de prensa que quedaba inmediatamente después del escenario. Esos minutos parecían eternidades y de pronto las trompetas sonaron, el pogo empezó, Expoferias se volvió una fiesta. Mi cuerpo no podía dejar de moverse pero al tiempo presionaba el obturador de mi cámara, la melómana y la reportera gráfica eran una.  De repente la Moji paró, habían personas que no habían podido entrar, así que hubo un pequeño altercado con las vallas del lugar, pero como lo mencioné anteriormente, este lugar más que todo es un espacio de tolerancia, así que las personas entendieron que no había más lugar en este lugar, más espacio en este espacio, y pese a su disgusto, fueron conscientes de ello y observaron desde afuera la fiesta, pues era tanta emoción, tanta euforia, que no valía la pena irse sino disfrutar

Albert Schweitzer -músico y filósofo alemán- dijo una vez que hay dos formas de refugiarse de las miserias de la vida: la música y los gatos. Hoy no les hablaré de gatos, pero sí les hablaré de la suerte de magia que se desprende de la música y que se dispersa por todas las bifurcaciones de la vida, pues es precisamente en la música donde todos los sentimientos vuelven a su estado puro y el mundo no es sino música hecha realidad, dijo Schopenauer, y yo lo reafirmé, cuando mientras en medio de una marea de humanidad, que danzaba al ritmo de los sonidos producidos por grupos de personas que unían sus experiencias sensibles acerca del mundo y de la humanidad en la tarima de unos de los eventos mas grandes del eje cafetero, llamado Grita Rock, –Que para mí es más un grita existencia-, se exteriorizaba la alegría, la rebeldía, la contestación, la subjetividad y la sensibilidad que convirtieron a expoferias, en un espacio de existencia auténtica colmada de lexemas que se discursivizaban en medio de sonidos psicodélicos. 


Después de no sé qué tanto tiempo de viaje acompañada de punk y contestación, mis pies pisaron el prado de Expoferias. El contacto con el suelo supuso un contacto con un espacio que para ese día estaba configurado de forma inhabitual, la ciudad no era la misma de la cotidianidad abrumadora, no era la misma del paso de los días mientras giramos el sol; era una pequeña polis poblada de diversas formas de ser, de sentir y de expresarse, una polis atiborrada de tolerancia, unanimidad, mutabilidad y conciencia. Con unos cuantos pasos me lancé junto con mis dos queridos amigos –Geli y Andrés- hacia ese pequeño espacio que ese día hicimos nuestro y con el cual nos fundimos; ingresamos por la entrada de prensa, pues además de ser asistentes del Grita Rock –existencia- ese día íbamos en representación de dos medios radiales/alternativos de la ciudad de Pereira –RadioRed Emisora y Ciudad Alterna- y pretendíamos pues, no sólo vivir el Grita Rock, sino también llevarlo afuera de las vallas, discursivizarlo como lo hago ahora, dispersarlo y fragmentarlo a través de las ondas hertzianas  para que todos a quienes pudiese interesarles, lo vivieran aunque fuese a través de palabras y sonidos que capturamos ese día.  Me encontraba supremamente ansiosa, pues estaba esperando con ahínco que unos “tíos” españoles que hace más de 20 años se unieron en una protesta social estudiantil, se subieran a la tarima del Grita Rock y cantaran por la existencia; al ingresar, Señor Cofee –banda local- ya había compartido su performance con los asistentes, un performance que por cierto está cargado de identidad cultural y raíces cafeteras; así que al llegar nos topamos con la puesta en escena de Mentes Destruídas, una agrupación de punk de la ciudad de Manizáles que realmente le hace honor a esta ideología.

Mientras recorría el lugar pude toparme con cientos de rostros de diferentes expresiones, con miradas que producían diferentes sensaciones, ojos de diferentes tonalidades, y cientos de vestimentas que semiotizaban eso que sus portadores llevaban dentro y que querían exteriorizar y legitimar en Expoferias: la diversidad y la mutabilidad del ser. Entonces el diafragma de mi cámara oscura se abrió y cerró por primera, congelando algunos de aquellos rostros que sin duda, fueron la puesta en escena del grita existencia.

"...les hablaré de la suerte de magia que se desprende de la música y que se dispersa por todas las bifurcaciones de la vida..."


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Atravesé las vallas, pisé nuevamente el prado y me fui a casa pensando que en verdad, si no fuese por la música, habría más razones para volverse loco.

Después de este pequeño vistazo por el lente de mi cámara oscura, ingresamos a rueda de prensa con Señor Cofee; presenciamos la puesta en escena de Infesto, que nos llevo seguidamente a la rueda de prensa con ellos. Debo decir que ese día encarné varios roles -unos de los que tantos se asumen en la vida-: fui reportera radial y gráfica, pero también fui espectadora y melómana. Como reportera radial y gráfica la dinámica del día consistió en situarme en la zona de prensa que estaba situada después de la tarima, con cámara en mano, lista para presionar el obturador y capturar momentos de los performance que iban aconteciendo; después, a rueda de prensa con la banda que había terminado de hacer su presentación y así, todo el día. Como espectadora, en los momentos en que no era una sola con mi cámara,  me dedicaba a observar las actuaciones de las agrupaciones musicales, a escuchar con detenimiento sus discursos y a analizar las actuaciones del público asistente y, como melómana, me dejaba invadir por la emoción y la sensibilidad de aquellos sonidos psicodélicos, rockeros y experimentales, tanta la emoción, que el polvo que provocaba el pogo junto a mí no era de gran importancia, así que mi cámara oscura pasaba a un segundo plano y sólo dejaba que los sentires condujeran mi cuerpo. 

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Ya habían pasado algunas horas desde nuestra llegada y ahora María Ambivalente se subía al escenario: tres sujetos haciendo música alternativa, profunda y fuerte para un numeroso público asistente; un halo de misterio y sensualidad me envolvió como melómana y el público no paraba de mirar las actuaciones poco comunes de estos tres sujetos que nos regalaban sus sentires en forma de canciones. Ahora el turno era para Lex Deluxeses, el público se encontraba expectante y sensible gracias a la presentación de María Ambivalente, pues son una agrupación que ciertamente llama a  la experiencia sensible, pero cuando Lex Deluxeses, conformada solamente  por una mujer de sonrisas interminables y vibratos agudos y un hombre misterioso y ensimismado produjeron los primeros sonidos, el público mutó: la euforia ahora reinaba en la tarde del 14 de agosto. Volvían los pogos, los gritos desenfrenados y poco a poco íbamos acumulando la ansiedad y la euforia para ver a La Mojiganga, Reincidentes, Bad Manners y Zonah Ganjah.

Terminó la Moji y mi ansiedad llegó a tope, seguía Reincidentes. Fuimos a Prensa, Andrés lanzó una muy buena pregunta que puso a hablar a la Mojiganga por unos buenos minutos y yo me debatía entre la emoción de tenerlos tan cerca, escucharlos y percibirlos o irme para la zona de prensa y coger un buen lugar para observar a Reincidentes; he de confesar que esto de ser reportera gráfica-radial y melómana al tiempo, es muy difícil, usted no sabe por cuál modalidad dejarse conducir, si por la del deber que está ligada a encarnar el rol de ser reportera gráfica y radial – que ciertamente también está invadida del querer- o por la modalidad del querer, que está representada por la melomanía, que no es otra cosa más que querer dejarse llevar por el sentir. Lo que hice entonces, fue esperar a que la Mojiganga respondiera a la pregunta de Andrés y luego nos fuimos a esperar a Reincidentes, porque aunque tuviese muchas ganas de escuchar lo que la Moji tenía que decir, lo malo de esperar mientras la otra banda tocaba – en este caso reincidentes-, La Mojiganga Aún continuaba en rueda de presa y yo no me podía permitir perderme un segundo de ese despliegue de reflexión existenciaria que ha venido innerente a Reincidentes.


El día ya había muerto y una nueva noche nos acaecía, me encontraba de pie en la Zona de prensa que ahora estaba atiborrada de personas, mis roles camaleónicos brillaban con gusto, el público gritaba “¡Reincidentes!” al unísono y a mi lado se encontraba Andrés, muy expectante también, mientras que Geli se sumergía en las olas sonoras y la multitud de la gente, de allá para acá y de acá para allá, registrando y publicando cada presentación al fan page de la emisora. Por fin Salieron, Fernando Saludó y mi momento más esperado de la noche me tomó de las manos, del cuerpo, de la mente, del corazón y del ser, mi piel se erizó y entonces me dejé llevar por las letras reivindicativas, por la contestación a lo que nos oprime, por la esperanza de un mundo mejor, de una existencia más consciente; por el llamado a ser libres, a ser independientes, a ser una mujer valiosa con “Ay dolores” y a decir con la música lo que no puede ser dicho pero sobre lo que es imposible permanecer en silencio. Los Reincidentes interpretaron algunas de sus canciones más contestatarias y reivindicativas, que se corresponden totalmente con sus intérpretes, que no son más que un reflejo del ser que despliega cada uno de ellos: No somos nada, un día más, Latinoamérica, Jartos de aguantar…Y ese día comprendí por qué Oscar Wilde decía que la música es el tipo de arte que está más cerca de las lágrimas y la memoria

Bad Manners continuó la noche, fue la banda que mejor sonido tuvo, ska para bailar y la fraternidad y empatía de sus integrantes que nos llego a todos los espectadores, finalmente Zonah Ganjah cerró la noche y el primer día del Manizáles Grita Rock- Existencia- finalizaba.




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MANIZÁLES "GRITA ROCK- EXISTENCIA"

Le llamo Grita Existencia porque no es sólo un concierto musical, porque las bandas no solamente se paran en una tarima para interpretar líricas vacías, le llamo así, porque es un cúmulo de  pensamientos y reflexiones que giran alrededor de la existencia y de cómo está se desenvuelve mientras estamos arrojados gritandole al mundo, porque las líricas que se dispersan a través de las ondas sonoras cuentan acerca de la sociedad que hemos configurado para convivir, porque allí se diserta en torno a quiénes somos y qué hacemos, porque se supura sensibilidad y arte y sobre todo, porque allí ponemos en juego nuestras relaciones conflictuales de una forma legítima.



Obra de K. Haring